Hamdan Ballal, codirector de “No Other Land”, es liberado tras detención en Cisjordania - LJA Aguascalientes
27/03/2025

Hamdan Ballal —agricultor palestino y codirector del documental No Other Land, galardonado en los premios Oscar 2024— fue detenido por las fuerzas israelíes tras sufrir una agresión a manos de colonos. Aunque liberado al día siguiente, su arresto resalta una compleja red de tensiones, silencios y mecanismos de represión en los territorios ocupados, donde la cámara se vuelve tan subversiva como la protesta.

Los hechos ocurrieron en la aldea de Susya, en la región de Masafer Yatta. Según múltiples fuentes, un grupo de colonos israelíes —alrededor de una decena, muchos enmascarados y armados con porras, cuchillos y al menos un rifle— irrumpió en la localidad el lunes por la tarde. Durante el ataque, resultaron heridas varias personas, se destruyeron propiedades y, según testigos, los activistas estadounidenses que intentaban documentar el hecho también fueron agredidos físicamente y encerrados en su vehículo mientras este era apedreado.

Hamdan Ballal no sólo fue una de las víctimas del asalto, sino que también fue detenido mientras era atendido por paramédicos. De acuerdo con testimonios como el de su colega Yuval Abraham, Ballal pasó la noche esposado y herido en una base militar israelí. La abogada Lea Tzemel calificó su detención como “arbitraria” y advirtió que su liberación no implica el cese del hostigamiento. La narrativa oficial, sin embargo, sostiene que Ballal y otros palestinos fueron arrestados por lanzar piedras a las fuerzas de seguridad, aunque no hay consenso sobre los detalles del incidente.

La respuesta del ejército israelí no se centró en el ataque de los colonos, sino en el “violento enfrentamiento” en general. Tres palestinos y un israelí fueron detenidos. El lenguaje empleado —que incluye términos como “terroristas” para referirse a los palestinos involucrados— contrasta marcadamente con la omisión de calificativos equivalentes para los colonos agresores. A esta disparidad semántica se suma la falta de transparencia en el tratamiento de los hechos por parte de las autoridades, lo que complica la verificación independiente.

Más allá de este episodio de violencia física, persiste otro tipo de enfrentamiento: el cultural. Desde su triunfo en los Oscar, No Other Land ha sido objeto de intentos de censura en Israel. El documental retrata cinco años de demoliciones de viviendas, escuelas y caminos en Masafer Yatta por parte del ejército israelí, revelando un patrón de desplazamiento forzado que ha recibido escasa atención mediática fuera de círculos especializados. A pesar de su éxito internacional, el ministro israelí de Cultura, Miki Zohar, solicitó a los cines del país que no proyectaran el filme, una movida que varios grupos como Standing Together han intentado contrarrestar con funciones públicas y activismo.

La historia de Ballal y el documental que codirige —junto con Yuval Abraham, Basel Adra y Rachel Szor— expone una paradoja: mientras Israel proyecta una imagen de democracia moderna y plural ante el mundo, sus instituciones operan internamente con una lógica de ocupación que margina, censura y criminaliza a quienes cuestionan su legitimidad territorial. La narrativa oficial parece defenderse de cualquier lente que enfoque la desigualdad estructural o la violencia cotidiana que enfrentan los palestinos en Cisjordania.

Desde octubre de 2023, tras los ataques de Hamás, se ha intensificado la violencia de colonos contra palestinos, en paralelo al recrudecimiento del conflicto en Gaza. En este contexto, casos como el de Hamdan Ballal no son excepcionales, sino representativos de una política de desgaste continuo, donde la defensa de la tierra —sea con cámaras o sembrando cebada— se vuelve un acto de resistencia.

A diferencia de lo que dicta la lógica hollywoodense, esta historia no tiene un desenlace triunfal. Ballal está libre, sí, pero sigue siendo vulnerable en un territorio en disputa, marcado por un desequilibrio de poder entre una fuerza ocupante y una población sujeta a detenciones arbitrarias, acoso estructural y violencia sin consecuencias para los agresores. Lo único que parece haberse ganado, por ahora, es más visibilidad… y, quizá, una nueva forma de resistencia a través del cine.

Vía Tercera Vía



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