La libertad es un concepto tan largo, ancho y alto que abarca espacios y tiempos tan inmemoriales como el momento de emisión de la sentencia de muerte contra Sócrates (Atenas, 399 a.C), o el pronunciamiento de liberación de Nelson Rolihlahla Mandela, 11 de febrero de 1990, quien es electo Presidente de Sudáfrica el 10 de mayo de 1994. primero en ser electo democráticamente y con participación multirracial; así se ponía fin a 342 años de dominio blanco y a 46 de régimen de discriminación racial conocido como “apartheid”. En noviembre de 2009, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 18 de julio “Día Internacional de Nelson Mandela”, en reconocimiento de la contribución aportada por el expresidente de Sudáfrica a la cultura de la paz y la libertad.
En fuerza de brevedad, vemos cómo eclosiona la vigencia de la libertad en el paraje y tiempo humano, durante el convulsivo siglo XX de nuestra historia, en dos grandes movimientos intelectuales con sus respectivas manifestaciones sociales, que son: el Existencialismo y el Humanismo Personalista. Del primero tenemos personajes predecesores como Søren Kierkegaard (1813-1855), y Friedrich Nietzsche (1844-1900), (Fuente:https://shorturl.at/qDOV6); y notables exponentes como Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Karl Jaspers, Gabriel Marcel y Martin Heidegger (Fuente: https://shorturl.at/tFM24).
Del segundo, con antecedentes en los siglos XVI y XVII tiene una manifestación pluralista, que deriva en distintos tipos de personalismo del siglo XX, entre los cuales destacan el personalismo cristiano de Mounier, Guardini y Maritain, el ateo de McTaggart, el idealista de Royce, el relativista de Renouvier, el dialógico de Ebner, el liberacionista de Paulo Freire, el cristocéntrico de Teilhard de Chardin, el místico de Berdiaev y el existencial de Marcel y de Buber (Fuente:https://shorturl.at/vCGJY).
Sin que falte su correspondiente antítesis o negación “humanista”, de que son portadores movimientos intelectuales que postulan que la historia humana es un proceso natural sin personas o donde estas juegan un papel subordinado respecto a las fuerzas productivas y los modos de producción (marxismo clásico), que el fin último de los conocimientos sociales es provocar la desaparición del ser humano (Claude Lévi-Strauss), o que la persona es una ficción (Michel Foucault) y otras aseveraciones contemporáneas de este tipo.
Diversidad de pensamiento que, sin embargo, nos permite descubrir en este gran mosaico de ideas y explicaciones del evento humano, dos grandes tendencias para entender la libertad, aquella a la que podemos llamar “libertad de” y la otra que es la “libertad para”. En efecto, este primer concepto implica la privación, separación o negación de algo (Ej., soy libre de pensar lo que yo quiera, ir a donde me plazca, hacer lo que me venga en gana); el segundo concepto sólo se entiende “en función de algo” (Ej., me siento libre para decidir mi agenda, requiero ser libre para perseguir mis anhelos, exijo mi libertad para asociarme con el grupo que me convenza, etc.). En donde la idea fundamental de la “libertad de” es enfáticamente privativa de algún elemento supuesto; en tanto la “libertad para” es primordialmente constructiva de un objeto, fin o propósito visionado.
La presencia de ambas se considera indispensable para el buen desarrollo de nuestra existencia, en el espacio y en el tiempo, o como expresa el concepto filosófico, para modular nuestra presencia y devenir en el universo. No es lo mismo ser esclavo o amo; o afirmarse como ciudadano autónomo e independiente, o bien aceptar el sometimiento a la voluntad de otro -caudillo, líder, regente-; frente a grupos u otros, ser persona consciente capaz de afirmarse asertivamente, o bien ser sumiso y obediente a sus imperativos. Lo que nos lleva no sólo a exigir nuestra “libertad de conciencia”, sino también a practicar nuestra “libertad para” ejercer nuestra autodeterminación y elegir lo que conforme nuestro entorno y circunstancias.
Esta distinción fundamental de la libertad tiene gran significación en las ideas que llevan al original constructo, que hemos explorado, de Peter Sloterdijk en su triple secuela de Esferas. Hoy, me concentro en el tomo I de su obra, para explicitar la centralidad e impulso del concepto de libertad, (Esferas I, Burbujas, Microsferología. Trad. del alemán de Isidoro Reguera y Goethe Institut-Inter Nationes, Frankfurt am Main, 1998. Ed. Siruela, S.A. Madrid. 2003, 2014).
1.- Acepciones relacionadas con la “libertad de”.-
- a) “Nada hay que objetar a la perfección de la primera burbuja pneumática, hasta que un desajuste esférico provoca la catástrofe original. Adán, el desviable, sucumbe ante una segunda inspiración producida por voces accesorias que provienen de la serpiente y de la mujer; con ello descubre lo que los teólogos llamaron libertad; ésta no significa al comienzo que una cierta flexibilidad espontánea frente a la seducción por parte de un tercero”. (Peter Sloterdijk, Esferas I, opus cit., ut supra. Loc. 654). // Notamos que, aunque en primera instancia esta aseveración pareciera más bien privativa de algo, en realidad aquí se denota la capacidad incipiente de “elegir” por moción propia, el ofrecimiento de un tercero… el seductor//.
- b) “Somos lo que somos, sin separación ni ensambladura; este espacio de dicha, esta vibración, esta cámara de ecos animada. Vivimos como trabados uno en otro, en el país Nosotros. Pero esa dicha sin medida y sin número, de ojos cerrados, no puede ser duradera nunca y en ningún lugar; en el tiempo paradisíaco -¿y no se cuenta el tiempo siempre after paradise lost?- la sublime esfera dúplice-única está condenada a estallar”. (Op. cit., ibidem. Loc. 676). // Esta cita reconstruye a la perfección la noción del “entorno”, como el acomodo ideal sobre el cual tarde o temprano tenemos que pronunciarnos, es decir zanjar bajo libertad. Su complemento indispensable es:
“Lo nuevo viene siempre al mundo como algo que trastorna simbiosis previas; como alarma y presión, ataca en el interior único. Entonces, el universo adulto aparece como compendio de trabajo, lucha, dispersión, coacción. Lo que era Dios se aísla en un polo supermundano”. (…) “Lo que era el interior simbióticamente hueco de Adán se abre a ocupantes más o menos sin espíritu, de nombre: preocupaciones o entretenimientos o discursos; éstos llenan lo que en el íntimo ser-ahí habría de quedar libre para el uno, el originario compañero de hálito” (Ut supra, Loc. 689).
// Esta indagación explora la desazón que se sufre ante la decisión tomada en libertad, por un lado se accede y concede la voz de las preocupaciones, los entretenimientos y cívicamente de los discursos; por otro lado -en lo interno- se siente el efecto del trabajo, la lucha, la dispersión, la coacción. Literalmente, sentimos que estamos a punto de “ser expulsados del paraíso”. La seducción política que ejerce la promesa paradisíaca de la Cuarta Transformación, pasa centralmente por este grado de libertad; de nuestra resolución depende el coste de nuestra libertad… no del “seductor a la tierra prometida”.
2.- Acepciones relacionadas con la “libertad para”.-
Los entornos que claman por un proyecto de libertad liberación. Antecedente histórico. (Cfr. Opus cit. Ibidem. Loc. 5349ss).
-”La modernidad mass-mediática ha generado el medio para hacer que gigantescas poblaciones se enfebricen con delirios polémicos sincronizados y fantasmas de regeneración cargados de violencia. ¿No fue uno de los padres fundadores de la democracia americana, Thomas Jefferson, quien decretó formalmente que el árbol de la libertad exigía ser regado en cada generación con la sangre de los patriotas?”
– “La movilización de todos para el riego del árbol comunitario presupone un sistema escolar, postal, militar y mediático eficientemente radical”;
– “La nacionalización de las masas bajo árboles de libertad revolucionarios o tilos patrióticos es un gran proyecto psicopolítico que mantiene en vilo a los pueblos de Europa desde la creación de los Estados nacionales.”
– “Quien desea retirarse de la sombra del árbol totalitario sólo podrá salvarse huyendo a los medios contrarios: de la colectividad totalitaria sólo protegen simbiosis impermeables de literatura subversiva;”
– “Últimamente se manifiesta también como un exilio efectivo la inmersión en la idiocia de los tape-recorders propios”.
– “El efecto totalitario de los medios de captación sólo puede romperse por medios de autoimpermeabilización.”
Una respuesta contundente y global, Nadie ha conceptualizado esto con mayor claridad que Franz Kafka, cuando anotó en sus diarios del tiempo de la Primera Guerra Mundial:
– “¿Por qué nos quejamos a causa del pecado original? No fue por causa suya por la que fuimos arrojados del paraíso, sino a causa del árbol de la vida, para que no comiéramos de él. No sólo somos pecadores por haber comido del árbol del conocimiento, sino también por no haber comido aún del árbol de la vida. Pecadora es la condición en que nos encontramos, independientemente de la culpa”. (Ut supra, ibid. Loc. 5396).
Gran excurso histórico-bíblico-teórico es este de Peter Sloterdijk, ya que sondea en lo profundo del ìntimo corazón de la civilización europea, el impulso innato hacia la libertad desde los totalitarismos a los que fue sometida, incluyendo la Guerra 1a. Mundial a la que se hace referencia. Lo que a nosotros, en pleno siglo XXI nos alecciona de cómo superar esas tentaciones de estacionarnos bajo árboles “de la vida” que prometen vidas paradisíacas, a sabiendas que no son sino espumas efímeras y vacuas de auténticos contenidos.
Hoy mismo, México es presa de estos discursos, de estas amonestaciones a la precariedad necesaria de todos, para salvar idílicamente “a los pobres”, cuyo sino vital ha sido conculcado en el pasado, por causa principal de los afluentes, ricos y ladrones de patrimonios nacionales, las oligarquìas como minorías rapaces. La verdad es que ocultan su designio de esclavitud y sometimiento de las grandes mayorías nacionales, bajo el cielo amenazante de su “expulsión del paraíso prometido -léase, la Cuarta Transformación-”, cuya causa es la culpa originaria de su acenso generacional en el pasado; hoy deben ser vistos y auto-asumirse como los “vencidos moralmente”, no provisionalmente, sino para “secula seculorum”; ergo, condenados a la expulsión de la vida “faustiana” que su ideología les otorga absolutamente “gratis data”.
Concluyo esta reflexión, proponiendo una analogía: Si aceptamos que la Democracia y la Libertad son como las dos caras de la Luna, la democracia es la cara visible siempre ante nuestros ojos; y, por tanto, la libertad es la cara oculta que no vemos, pero que está indefectiblemente allí. Cuando, por credo y militancia política el gran ejército de los militantes de la 4T, disminuyen, reducen, condicionan, obnubilan o eclipsan la faz visible de la “luna”/Democracia; en realidad, están simultáneamente operando lo mismo, y aún más gravemente sobre la libertad.
La conclusión es patente: Ser pasivo, permisivo, indiferente o ajeno a la vigencia de la democracia es, en realidad, ser obsequioso, permisivo, concesivo y renunciante a tu propia libertad. ¿De verdad, renunciarías a ella?
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