Las urbanizaciones cerradas, coloquialmente conocidas como cotos, generan una gran cantidad de problemas, incluso varios autores importantes se han referido a estos como canceres urbanos. Por su forma, uso de suelo y ubicación, generan una fuerte dependencia al auto y promueven el aislamiento de los habitantes, evitando el desarrollo de un tejido social vecinal. Sin embargo, puede que el mayor problema social del que son responsables esté por venir y tiene que ver con la edad de sus habitantes.
Para empezar, cabe decir que los cotos son un modelo urbano terrible para los habitantes de la tercera edad. La pérdida de habilidades psicomotrices y de reflejos no debería de ser problema para poderse seguir moviendo a pie, pero si para conducir un automóvil. El tema es que los cotos favorecen severamente la movilidad en auto, siendo común incluso que no tengan banquetas, mucho menos arbolado. Y si sumamos a esto las distancias a servicios y áreas de recreación, ya que en los cotos no hay más que casas, nos daremos cuenta que estamos condenando a los habitantes de la tercera edad a una condición de dependencia que comúnmente recae en los hijos y acelera la pérdida de independencia y autonomía. Bajo estas condiciones, difícilmente la tercera edad se puede vivir con calidad de vida.
Es necesario que observemos las tendencias demográficas para entender la profundidad del problema al que nos enfrentamos. Actualmente solo una pequeña parte de la población de México se considera de la tercera edad, pero hay una fuerte tendencia de envejecimiento y de reducción de la población en edad productiva. Los jefes y jefas de familia que hoy trabajan para sacar a los suyos adelante y construir un patrimonio, que suele incluir la compra de una casa en un coto en la periferia, porqué es la oferta existente y lo que promueven las políticas de financiación de la vivienda, se verán enfrentados a varios retos no previstos con el paso del tiempo. Naturalmente, los hijos se irán de casa y los padres envejecerán, proceso que sucederá de manera simultanea en la mayoría de vivienda de un fraccionamiento. La consecuencia será que en algunas décadas estos cotos estarán poblados en su mayoría por una población aislada, dependiente e improductiva económicamente, pudiendo decaer degradación urbana en forma de guetos de la tercera edad.
Cabe aclarar, el envejecimiento no es problema, es parte de la vida. Pero como todo, si no hay preparación se vuelve un verdadero desafío. Una planeación urbana ética y responsable debe de responder a las necesidades actuales y futuras de la población y el ecosistema. Antes no había sido un problema tan grave, tan solo veamos como en los barrios históricos de la ciudad los adultos de la tercera edad tienen un papel activo en la vida pública del barrio, sin embargo, en modelos de desarrollo actuales, de explotación del territorio y del capital, donde solo unos pocos desarrolladores ganan, será un reto que será muy difícil de enfrentar. Lo peor es que nos estaremos condenando a nosotros mismos en el futuro a una tercera edad que quizá no valga tanto la pena por ser vivida. Si tenemos conciencia de esto ¿Seguiremos marginando a la tercera edad, por la cual todos pasaremos en algún momento? ¿Permitiremos que una etapa de la vida esté condenada por los intereses actuales de los desarrolladores? Hay alternativas y hay que tomar acción. Este solo es uno de los muchos problemas que generan los cotos, a estas alturas realmente me cuesta entender porqué seguimos permitiendo que se construyan estas urbanizaciones cerradas.
arnulfoaldaco@hotmail.com @arnulfoaldaco