Perote, Veracruz. 15 de junio de 2020. El presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, acompañado de su secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard Casaubón, voltea a ver la cámara de video y dice: “Esta semana vamos a dar una muy buena noticia este al pueblo de México. No por nosotros, sino por la fama y la gloria de México y de su pueblo en el mundo, por el respeto que les tienen a los mexicanos en todo el mundo”.
Su alocución, pausada y marcada por su acento sureño, continúa: “Vamos a dar una buena noticia. Sobre todo, porque va a ser un reconocimiento a la política exterior de México. A la tradición de buena política exterior de nuestro país”. Finalmente, con su sonrisa socarrona, AMLO concluye: “Queda en suspenso, como se dice”.
Dos días más tarde, en una votación celebrada en la Asamblea General, México obtiene 187 votos a favor y sólo cinco abstenciones. Es la mayor votación lograda para una candidatura de México al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
Las escenas arriba mencionadas sirven como preámbulo al presente artículo, el cual pretende hacer un recuento de las ocasiones en que México ha sido miembro no permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, cuál es la oferta programática y qué retos enfrentará.
En agosto de 1944, los Estados Unidos, el Reino Unido, la Rusia soviética y la República de China, junto con otros países, se reunieron en Dumbarton Oaks, EUA para establecer un organismo que ayudara a mantener la paz y la seguridad internacional. Es decir, el embrión de la Organización de la Naciones Unidas. En la pirámide de esta estructura estaría el Consejo de Seguridad, el cual incluiría a los cuatro países precitados más Francia. Todos ellos tendrían derecho de veto.
México –por su peso histórico y demográfico y su tradición diplomática, basada en el apotegma de Benito Juárez– se convirtió en el portavoz de América Latina y logró ser sede de la Conferencia Interamericana sobre los problemas de la Guerra y la Paz. Durante este coloquio, nuestro país planteó al Coloso del Norte las preocupaciones en cuestión económica de los latinoamericanos.
En abril de 1945, cuando la Alemania nazi estaba a punto de expirar y el Japón imperial tenía los días contados, los países que habían militado en el bando aliado, entre ellos México, se reunieron en San Francisco, California para aprobar la Carta de las Naciones Unidas. Por ello, cuando en 1946 comenzó a sesionar el Consejo de Seguridad, México formó parte como miembro no permanente.
En 1979, el bloque latinoamericano estaba dividido entre apoyar la candidatura de Colombia o la de Cuba. Entonces, México surgió como candidato de unidad y logró que los latinoamericanos lo apoyaran para el periodo 1980-1981. Con Jorge Castañeda y Álvarez de la Rosa, como canciller, y Porfirio Muñoz Ledo, como embajador en las Naciones Unidas, México tuvo un papel protagónico: condenó la invasión soviética de Afganistán; y convocó, en 1981, a la Reunión Internacional para el Cooperación y el Desarrollo, la cual tuvo como sede al paradisiaco Cancún. A este cónclave asistieron líderes de la talla de: Ronald Reagan; Margaret Thatcher y Pierre Elliott Trudeau.
Ya en pleno siglo XXI, durante la administración de Vicente Fox Quesada, México ocupó, en los años 2002 y 2003, un asiento como miembro no permanente del Consejo de Seguridad. En aquellos días, el tema principal era la existencia o no de armas de destrucción masiva en el Irak de Saddam Hussein.
Mientras George W. Bush y Tony Blair urdían la invasión de la antigua Mesopotamia, el entonces embajador ante las Naciones Unidas, Adolfo Aguilar Zinser, cual Quijote erguido, encabezó a un grupo de países que querían evitar la locura bélica. El diplomático mexicano “luchó contra la mentira como nadie en aquellos días porque, como decía, ningún país digno podía aceptarla, aunque viniese de la nación más poderosa de la tierra”1.
Durante el sexenio de Felipe Calderón, México volvió a ser miembro no permanente del Consejo de Seguridad para el periodo 2009-2010. Sin embargo, fue una participación discreta, pues no hubo grandes iniciativas diplomáticas.
El embajador Juan Ramón de la Fuente encabezó la modesta campaña para que México obtuviera un asiento como miembro no permanente del Consejo de Seguridad. El representante diplomático mostró su efectividad: primero, logró el apoyo completo de los 33 países de América Latina y el Caribe2; y segundo, consiguió 187 votos a favor de nuestro país en la votación celebrada en la Asamblea General de las Naciones Unidas.
Cuál es la oferta programática de México. Primero defender las cuatro libertades –de expresión, de culto, vivir libre de miedo y libre de miseria. Segundo, promover la cooperación para el desarrollo sustentable. Tercero, evitar el uso de la fuerza en la resolución de los diferendos entre las naciones.
Cuáles son los principales retos internacionales. Primero, el combate al Covid-19. Segundo, la situación económica provocada por la pandemia. Tercero, la creciente tensión entre China y los Estados Unidos.
El escribano concluye: la quinta participación de México como miembro no permanente del Consejo de Seguridad ofrece una oportunidad para brindarle influencia y prestigio a nuestro país en el concierto de las naciones. Siempre y cuando reconozca sus limitaciones.
Aide-Mémoire. – Creciente tensión entre los gigantes asiáticos, China e India.
1.- El último combate de Adolfo Aguilar Zinser https://bit.ly/3euAFcG
2.-México, candidato al Consejo de Seguridad de la ONU https://bit.ly/2Z13XJf