- En el 2008, merecidamente, se le entregó el Premio de Poesía Aguascalientes
- Un disidente, un enemigo del lugar común y de lo convencional, eso es lo que refleja su obra
El poeta y traductor Gerardo Deniz (Juan Almela, Madrid, España, 1934 – Ciudad de México, 2014) falleció en la capital de la República mexicana el sábado 20 de diciembre.
El 30 de septiembre pasado recibió la Medalla Bellas Artes, y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes le organizó un homenaje con motivo de su cumpleaños número 80 el 14 de agosto, en ese homenaje se dio a conocer que su libro de poemas Visitas guiadas, publicado por Gerardo Deniz en el año 2000, sería reeditado por el Conaculta con un poema inédito.
En esa oportunidad, el poeta David Huerta expuso: “Podemos decir todo lo bueno que es Gerardo Deniz como poeta y amigo, pero debo decir en voz alta que haber conocido a Deniz, conversar con él y ser su amigo, es una de las razones por las cuales vale la pena vivir”.
En el homenaje también estuvo el poeta contemporáneo y amigo del homenajeado, Eduardo Lizalde, quien consideró que se trata de un poeta de perfección literaria impresionante: “Es un hombre muy riguroso, un disidente -describió- un enemigo del lugar común y de lo convencional, y esto es lo que refleja su obra. Por eso, con toda claridad dice, ‘no me importa en qué género se clasifique mi obra, ni siquiera si la clasifican en la literatura o no’. Deniz, hombre de gran cultura y conocedor de la literatura del mundo entero, es perfectamente consciente de lo que hace: no caer en lo ordinario”.
Juan Almela nació en Madrid, España, y llegó a México a los diez años de edad, cuando su familia huía del régimen franquista. Adoptó la nacionalidad mexicana y estudió Ingeniería Química. Adquirió una amplia formación humanística y realizó numerosos trabajos de traducción del ruso y del sánscrito al español. Algunos de ellos son considerados difíciles de traducir al español, como el lingüista y filólogo ruso Roman Jakobson o el historiador y filólogo francés Georges Dumézil.
Gerardo Deniz escribió libros que son considerados entrañables y canónicos. Algunos de ellos son su primer poemario: Adrede, publicado cuando tenía 35 años de edad. Además, Gatuperio, que vio la luz cuando tenía 43 años, y Enroque, que fue apenas su tercer libro, a los 51 años. Luego publicó Picos pardos (1987), Mansalva (1987), Grosso modo (1988), Mundos nuevos (1991), Amor y oxidante (1991) y Alebrijes (1992).
Fue becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca) en 1989 y miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte (SNCA) desde 1994. Su amplio conocimiento en el idioma ruso, alemán y turco, le permitió trabajar como traductor de libros de física, química, lingüística y mitología en el Fondo de Cultura Económica y Siglo XXI.
Le fueron otorgados, entre otros reconocimientos, el Premio Xavier Villaurrutia 1991 y el Premio de Poesía Aguascalientes 2008. El 30 de septiembre de 2014 recibió la Medalla Bellas Artes que entregan el INBA y el Conaculta.
En 2008, a la entrega del Premio de Poesía Aguascalientes, Edilberto Aldán publicó el siguiente texto:
Se entregó el Premio de Poesía Aguascalientes 2008, como siempre en el marco de la Feria de San Marcos, en el Teatro Morelos, se realizaron lecturas, una mesa en la que José Javier Villarreal, José María Espinasa y Fernando Fernández hablaron sobre la figura y obra del ganador de este año: Gerardo Deniz.
Las lonas y anuncios con que se difundieron las actividades alrededor del Premio se cuidaron se indicar que se realizaba un “homenaje”, que se le otorgaba un “premio especial” al autor de Picos Pardos; con el tiempo, como sucedió con Elías Nandino en el 79, se omitirán estas aclaraciones, se integrará a los otros tantos autores que lo han obtenido y aparecerá su nombre sin necesidad de la aclaración, hoy todavía parece necesario subrayarlo por la “polémica” alrededor de la entrega de este Premio.
Todavía a principios de este año algunos poetas se rasgaban las vestiduras, pataleaban y amenazaban con la ira flamígera de las cartas dirigidas a la opinión pública… Llamaradas de petate, como las que ocurren cada vez que se entrega el Aguascalientes, por un momento, con la atención de los medios en el asunto, pareciera que puede ocurrir algo, que se puede debatir la pertinencia del reglamento de uno de los premios más importantes del país, discutir la pertinencia del mismo, revisar las reglas del juego, pero no ocurre nada, las diatribas y amenazas se disuelven en el olvido, hasta el próximo año en que unos se vuelvan a llamar a engaño, otros aprovechen para darle un coscorrón al jurado, aquellos lloren por las injusticias que unos cuantos perpetran o propongan soluciones para salvar algo que nunca ha necesitado de premios para ser: la poesía.
En la ceremonia de entrega, José Luis Rivas, ganador del Premio de Poesía Aguascalientes en 1986 por su libro La transparencia del deseo, representó al jurado que en esta edición decidió declarar desierto el Premio y recomendó un reconocimiento a Gerardo Deniz.
En el vestíbulo exterior del Teatro Morelos, le realicé esta breve entrevista:
–¿Fue tan grave que declararan desierto el Premio de Poesía Aguascalientes?
–Yo creo que como la producción vinícola en los grandes países productores, conocen cierto años cosechas malas, simplemente a ojo del jurado los que concurrieron en esta ocasión pues no reunían la calidad que nosotros creímos que era necesaria para merecer el premio, que 207 puedan ser representativos de la poesía mexicana actual, cabe la posibilidad, pero también puede ser que no lo sean, el número es amplio pero no quiere decir que estuvieran concursando los mejores libros, no aludo a los autores, aludo a la producción presentada ese año, a la cosecha.
–¿A qué crees que se deba entonces la polémica, las cartas, los insultos?
–Yo creo que esto forma parte de un proceso de descentralización, el hecho de que por primera vez el jurado se reuniera en Aguascalientes, que los integrantes fueran tres personas que si bien pertenecemos a la generación de los 50, como por ahí se ha hecho mención, creo que nuestra manera de componer sí es muy diferente y que, asimismo, vivimos en lugares del interior de la República y que teníamos años sin vernos, lo cual hizo, creo, un jurado con puntos de vista muy diversos, pero que a la hora de evaluar los trabajos en juego, sentimos que no había a ojos nuestros un trabajo digno de recibir el Premio.
El que se hayan vuelto los ojos a un reconocimiento a un poeta extraordinario, genial, como es Gerardo Deniz, creo que será muy salutífero para el Premio, para los mismos concursantes, porque creo que una de las grandes cosas es saber acatar las reglas que están en juego cuando entras en una competencia, una de las cosas que puedo decirte es que yo publiqué en 1982 un libro que tuvo 17 reseñas cuando apareció, ese libro lo había enviado yo en tres ocasiones a diversos concursos, nunca obtuvo ningún premio, no hubo de mi parte ningún pataleo, las personas que me conocen saben que jamás haría un pataleo de esa naturaleza, creo que cuando entras a una competencia has leído antes las bases de la convocatoria y después no te llamas a robado, aunque te apellides Hurtado, ¿no? Entonces a mí sí me parece sumamente mal que en vez de pedir, quizá, la reforma de las bases de la convocatoria o una cosa un poco más razonable se haya dado esta expresión de “¿por qué se lo dieron a ese señor y no a mí?”, eso es lamentable.
El Premio Aguascalientes fue entregado a Gerardo Deniz, no importa ya si “especial” o como “homenaje”, apostillas que el autor de Adrede hizo olvidar con un apabullante sentido del humor, rasgo que lo distingue. El Premio de Poesía Aguascalientes es de Gerardo Deniz, merecidamente.
AGUASCALIENTES
And in his needy shop a tortoise hung,
An alligator stuff’d, and other skins
Of ill-shap’s fishes…
Desde el jardín de San Marcos
presidí una feria de igual nombre, que fue larga,
colgado de un tobillo entre las frondas,
cabeza abajo,
en ofrenda de mí mismo a mí mismo,
sjálfr sjálfum mér.
Acaso así y allí memoricé tal que cual runa, no estoy muy seguro;
lo que sí recuerdo
es cómo reconocí a Rúnika, pese a su disfraz autóctono:
silbé que se acercase y le juré que aquello era por ella.
Sonaron los mariachis; la vi nada más mover la boca (respondiendo).
Luego volvió el olvido,
los pajarracos gritaban la noche entera.
Perdido el interés, cerré los ojos (o ya sería uno).
Por fin llegaron las lluvias,
la cuerda se rompió y caí en un sendero del parque;
monóculo hasta los bordes
harto de rocíos y oscilar,
el cráneo todo escrito por dentro,
en semejanza acartonada de pez diablo (jenny haniver).
Por eso me clavaron en el escaparate de esta tienda
de brujerías y plantas medicinales,
donde sigo -no diré que pudriéndome
porque eso no es posible todavía-
y me ponen apodos tan brutales
que nadie se ha atrevido a confiarme ninguno.
(de Grosso Modo)
GÉNESIS
Dejémonos de iconografías miserables-
Eva fue erigida sabrosa adolescente
(pues por idiota que Dios sea
¿cómo comenzaría modelando en costilla
cualquier panzuda nociva a punto de sigüenza?)
Adán, un joven tristón
por carencia de burdeles:
si el primer anochecer le dio miedo (Blanco White),
al siguiente día y misma hora
ya pidió atolondrado una trigueña de facto,
aunque fuese su pianista, sobrina o entenada.
El mismo Dios, cirujano mediocre, debió anestesiarlo,
sacarle por una oreja el hueso curvo menos indicado,
freírlo según barbarie
y ofrecerle una sopa de su propio cadáver.
Es misoginia acaso completar el texto.
Yo diría más bien highest criticism.
Véanlos, él se recorta un incipiente bigote hitleriano,
ella cambia su kotex entre efluvio inimitable.
¿Qué más pedir en materia de domesticidad
sino tropezar veinte ves con la misma borcelana?
(de Cubiertos de una piel)